jueves, 21 de mayo de 2015

VOLVER A CREER - Película Cristiana en HD

Qué es una ECM. Mientras que la ciencia se preocupa por saber si existe una conciencia independiente de la actividad cerebral, muchísima gente considera que una prueba contundente de la inmortalidad del alma son los numerosos testimonios de personas que han "regresado de la muerte", de aquellos que han estado clínicamente muertos por un breve lapso y han vuelto a la vida. Típicamente, estas experiencias incluyen verse a sí mismo fuera del cuerpo, un ascenso por un túnel oscuro con una luz al fondo, encuentros con parientes fallecidos y una inefable sensación de bienestar.



La uniformidad de los relatos en los contextos más disímiles es una de las principales cartas que emplean quienes creen en la realidad tangible de estas experiencias cercanas a la muerte. Las ECM son un fenómeno muy antiguo, pero su investigación es reciente: la expresión "experiencia cercana a la muerte" (Near Death Experience, en inglés) fue acuñada por el psiquiatra Raymond Moody, en su best-seller de 1975, La vida después de la vida. Contrariamente a lo que podría pensarse, sus defensores no se limitan a creyentes religiosos y acólitos de cultos modernos. El sitio de Internet que compila la mayor base de datos del mundo de ECM, nderf.org, es dirigido por un oncólogo estadounidense, Jeffrey Long, y compila casi 4.000 casos. Consultado sobre su postura sobre el fenómeno, Long afirma de manera tajante que "no hay una explicación posible de las ECM por parte de la neurología o la psiquiatría".

La historia más impactante que conoció Jeffrey Long es la de una mujer estadounidense, Vicki Umipeg, que nació ciega y tuvo una ECM con visión, durante la cual se vio a sí misma y al entorno hospitalario en que se encontraba, como consecuencia de un accidente de autos. "Esto es inexplicable desde la medicina -afirma Long-. Para mí,las ECM son prueba concluyente de que la conciencia puede existir fuera del cuerpo físico." Long dio a conocer el resultado de sus investigaciones en 2010 con su best-seller Evidencias del Más Allá.

Todo está en el cerebro. Sin embargo, desde las neurociencias (conjunto de disciplinas que estudian el sistema nervioso) se da una explicación muy diferente. Desde esta óptica, las causas son fisiológicas, es decir, se deben a la forma en que interactúan las funciones vitales del organismo. En situaciones cercanas a la muerte, debido a un trauma o a un mal funcionamiento generalizado, el cerebro empieza a fallar. En estas circunstancias, se produce una revolución en la actividad cerebral: numerosos experimentos han demostrado que se liberan diversas hormonas y neurotransmisores que convierten al sistema nervioso en un verdadero pandemónium. En ese estado de confusión, la conciencia realiza esfuerzos colosales para dotar de sentido a ese desorden. La actividad anormal del cerebro se interpretaría, entonces, como un "viaje al Más Allá", pero en realidad se trataría, ni más ni menos, que de alucinaciones. Esa es la postura predominante en las neurociencias, y logra mantener, así, la idea establecida de que la conciencia no es más que el resultado de la actividad química y eléctrica del cerebro.

Con todo, aunque en su mayoría los científicos están de acuerdo en considerar a las ECM como trampas de la mente, juegos engañosos producidos por el sistema nervioso en una situación límite, existen posturas más abiertas. Una de ellas es la de Arturo Famulari, especialista en neurología cognitiva y del comportamiento y Director de Investigaciones Clínicas de FACENE (Fundación Argentina Contra las Enfermedades Neurológicas del Envejecimiento). Sin rechazar la posición tradicional que adjudica a la conciencia un rol dependiente del cerebro, Famulari advierte: "A mi criterio, son más exitosas las afirmaciones de aquellos investigadores que se animan a modificar el paradigma científico tradicional que las de quienes continúan con los ‘envases metodológicos tradicionales'. La explicación ‘científica' para todas y cada de una de las ECM es prácticamente la misma: el estado pre-mortem conlleva a una franca disminución de la llegada de sangre al cerebro, ésta a una disminución de su metabolismo, que puede alterar aún más la expresión de los genes y la cantidad y calidad de electricidad y química que el cerebro necesita producir. Así son las cosas, hoy. Si esta es la última y definitiva explicación a estos fenómenos, nadie se encuentra en condiciones de asegurarlo".

Famulari se refirió también a la controvertida investigación de la Universidad de Southampton, mencionada al principio de esta nota. "El estudio de Parnia es interesante porque sostiene que es posible que pueda no ser correcta la idea histórica de que los procesos electroquímicos en el cerebro crean la conciencia, y que es posible que exista ‘algo' allí que aún no hemos descubierto, y que tal vez la conciencia esté totalmente separada de él".