miércoles, 25 de febrero de 2015

El cambio de una vida (Película)

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Solo Dios Puede Cambiar el Corazón de los Hombres
MARCH 10, 2013 BY PEDRO ESTOPINAN 3 COMMENTS
Este tiempo lo dedicaré a recordar a mi compañero de cuarto, el testigo más cercano a la experiencia que estaba viviendo. Sé que para él no fue nada fácil enfrentar aquella situación, pero el haberle encontrado por supuesto que no fue fruto de la casualidad, para mí fue algo de mucha importancia. Gracias a eso es que ahora puedo compartirles este relato que nos ayudará a comprender por qué solo la intervención de Dios puede cambiar el destino de nuestra isla.

A medida que iba comentándole la experiencia que vivía, le iba mostrando partes de la Biblia cuyo mensaje mostraba situaciones que reflejaban claramente la situación de Cuba, pero sin importar cuan acertado fuera lo que le leyera, siempre me decía que no me hiciera ilusiones que aquello nunca cambiaría, y por supuesto que tenía argumentos de sobra en que apoyarse. Pasaban los días y él seguía insistiendo para ver si yo me daba cuenta de la realidad y reconocía que aquel camino que había tomado carecía de sentido. Un buen día me dijo que tenía que contarme algo, para que entendiera por qué me decía que desistiera de mi empeño, y así fue que comenzó aquel relato que confieso me agarró de sorpresa.

A su llegada a Francia se había encontrado con la misma situación del asilo político y con su impedimento para regresar a Cuba, algo con lo que no contaba. Para la fecha en que nos encontramos supongo que habría llegado unos dos meses antes que yo, alrededor de octubre de 1982. De igual manera había sido reclamado por una familia francesa y aunque solo se conocían por cartas habían aceptado ayudarlo a salir de Cuba. A quienes me habían reclamado los había conocido personalmente en Cuba, por lo que yo gozaba de una confianza que a él le faltaba, además que mis amigos hablaban español, lo que me hacía sentir más a gusto pues se comportaban como cubanos, todo lo contrario a su situación.

Sin entrar en otros detalles que no me corresponde mencionar, voy a los hechos que es lo más importante. Al poco tiempo de llegar el muchacho se dio cuenta que Francia no era el lugar más apropiado para llevar allí a su madre, quien se había quedado en Cuba en espera que él pudiera reclamarla. Veía el aislamiento tan grande a que estaría sometida y además la imposibilidad de que Francia fuera un puente para seguir a EU donde tenían varios familiares, pues la condición de asilado político se los impediría, y no había otra opción que esa. Solo estando allí es que pudo darse cuenta, y es lógico que sea así, lo que representaría ese cambio para su madre, y fue por ese motivo que decidió enfrentarlo todo con tal de liberarla de aquel futuro que podía visualizar sin mucha dificultad. Era una realidad que solo muestra su rostro cuando uno la enfrenta cara a cara. Su decisión fue que regresaría a Cuba, lo que aun podría hacer porque no había solicitado el asilo y por lo tanto conservaba su pasaporte cubano. Le ayudaron con el pasaje y se fue de regreso a Cuba.


En el trayecto de Madrid a La Habana le tocó sentarse al lado de un turista español en quien vio los cielos abiertos. Le dio la información necesaria para que localizara a su madre que vivía en La Habana y le dijera que lo buscara en Seguridad de Estado porque de seguro que en algún lugar lo tendrían detenido. Él no ignoraba lo que representaba regresar a Cuba, el exponerse sobre todo a la burla, a la humillación, hasta que lo cogieran como propaganda mostrando lo que pasaba con algunos que se iban buscando el paraíso fuera del país y luego regresaban. Jamás había considerado que en ocasiones la prisión sería la mejor opción, pero esta vez para él representaba la única vía para poder liberar a su madre de una experiencia difícil de soportar, al precio que fuera quería estar cerca de ella.

Al menos estaba tranquilo porque ella sabría que ya había llegado. Le había avisado desde Paris cuando pensaba viajar, pero ahora con la ayuda del español tendría la seguridad de que ya estaba en Cuba. Se bajó del avión, pero cuando lo identificaron y vieron su condición le dijeron que lo sentían mucho pero que no podía entrar al país, que tenía que regresar a Francia. Argumentaban que él había decidido irse por su propia voluntad con salida definitiva y que allí no lo podían recibir. Me dijo: No puedes imaginar cuánto les rogué, cuanto les imploré por lo que más quisieran, que me dejaran quedarme aunque fuera preso, pues quería estar cerca de su familia, sobre todo de su madre. No hubo forma humana que pudiera convencerlos, no hubo palabra que encontrara una fibra sensible en el corazón de aquellos cubanos.

Lo montaron de nuevo en el avión que continuaba vuelo rumbo a Costa Rica, y como es lógico tendría que regresar nuevamente por la Habana, conformándose solo con mirar desde el avión. Estar en su tierra, contemplarla, quererse quedar, y que sus propios compatriotas le negaran la posibilidad de hacerlo. Saber lo cerca que estaba de su familia y que aquel español ya habría hablado con su madre, imaginando a la infeliz mujer desesperada tratando de localizarlo en Seguridad de Estado, sufriendo al pensar lo que podría estar enfrentando. Cuán lejos estaba aquella mujer de imaginar que a su hijo lo habían devuelto a Francia. Como método de tortura por parte de las autoridades cubanas por supuesto que no había nada mejor.

Así fue devuelto a Francia aquel muchacho, con la incertidumbre de si lo dejarían entrar de nuevo, pues ya había entrado una vez y nunca había contado con la posibilidad del regreso. Gracias a Dios que lo aceptaron y después fue que solicitó el asilo político como los demás. Cuando lo encontré estaba emocional y moralmente destruido. Era cierto que donde vivía no había trabajo, además que la familia que lo había reclamado no esperaba verlo regresar nuevamente, por lo que necesitaba irse de allí lo antes posible.

Quién sabe cuántos oficiales cubanos del aeropuerto habrán sabido del incidente aquel día. Creo que algo así se corre pronto pues no es algo que sucediera con frecuencia, y conociendo nuestro medio pienso que alguno tiene que haberlo sentido, pero otros se habrán alegrado de la hazaña que habían hecho haciendo sufrir a los traidores. Por supuesto que era la ley vigente, imposible de encontrar en ella un rastro de humanidad e incapaces de mostrar compasión con sus propios hermanos. ¿Dónde estaba la cara humana de aquella revolución? Algo así deja huellas difíciles de borrar, y no solo en alguien como mi compañero, sino también en quienes cometen semejantes actos de inhumanidad.

La tarde que vino a verme por primera vez, de solo mirarle a la cara supe que lo tenía que ayudar, era imposible no darse cuenta del sufrimiento que se veía en su mirada, aunque desconociera el motivo real, que no era solo la lejanía de los suyos. Era como si Dios me dijera. “Él tiene una madre como la tuya sufriendo por su hijo. Si fueras él, tu madre agradecería que alguien te ayudara cuando estuvieses en necesidad, por eso, ayúdalo tú ahora”. Era un claro sentimiento hablándome al corazón, no había nada que dudar. Por eso estoy seguro que no fue casualidad encontrarme con él, lo mismo que para él encontrarse conmigo, alguien que en tan corto tiempo después de encontrarnos decidiera que el problema de Cuba se convertiría en el centro de su vida y que el propósito inicial de irme a Francia se convirtiera en algo secundario.

No fue de inmediato que me contó su odisea, y de no ser por aquella locura en la que me había metido de seguro que nunca me hubiera narrado su triste experiencia. Él pensaba que con aquel relato yo dejaría de enfocarme en el futuro de Cuba de la forma que lo hacía, pero fue todo lo contrario. Me daba cuenta que solo Dios sería capaz de liberar a nuestra Patria de aquella decadencia moral y falta de humanidad que se había apoderado de tantos de sus hijos y esa no era tarea de hombres, sino solo del espíritu de Dios.

Tristemente cuando se habla de los logros de la revolución, estas son cosas que no se pueden ignorar, pues son logros también, solo que logros que destruyen. Cómo es posible que el ser humano, aunque de palabra hable de justicia y condene las injusticias de otros, a veces asuma un papel en el cual no se muestre la más mínima sensibilidad. Ese no es más que el fruto de abrazar doctrinas de odio, doctrinas sin Dios, que hacen que los hombres, aunque hayan nacido con la habilidad de hacer el bien, cuando en ocasiones los efluvios de esa doctrina inundan la mente y el corazón, ya no quede en ellos lugar para la compasión. Son incapaces de manifestarla y protagonizan actos que muestran una ausencia total de humanidad.

No es preciso que nadie sepa lo que hayamos hecho, con que cada uno lo sepa es suficiente. Pero hay un Dios, un espíritu que también lo sabe, nuestra propia conciencia de la cual no podemos desprendernos que nos llama al arrepentimiento, porque con esa miseria interior no se puede vivir. Hay momentos en la vida en que es inevitable sufrir la forma en que esa conciencia nos lo recuerda.

Sobre bases así no hay nación que se pueda levantar. No son enemigos de fuera los que no permiten que nuestra Patria se levante, el peor enemigo es aquel que vive dentro de nosotros mismos cuando hemos cerrado el corazón a Dios.

Como dice Ezequiel 11:19

19 Yo les daré un corazón íntegro, y pondré en ellos un espíritu renovado. Les arrancaré el corazón de piedra que ahora tienen, y pondré en ellos un corazón de carne.

..y en palabras de nuestro Apóstol en 1882.

“… En pueblos, sólo edifican los que perdonan y aman.
Se ha de amar al adversario mismo a quien se está derribando en tierra.
Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república.
El odio no construye.”